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Con 4.2 millones de Americanos actualmente sobre los 85 años — un número que crecerá a 5.9 millones el 2014 y luego aumentará con el boom de la natalidad — el incremento de la demanda en atención domiciliaria a largo plazo está rehaciendo esta industria, manejándose “por lo bajo”. Utilizar el mercado informal, cargado de riesgos, es una solución que las familias de clase media están tomando para enfrentar la aplastante carga de gastos indefinidos de la costosa atención domiciliaria. Pero es apenas el inicio, los negocios se afanan en satisfacer las necesidades de estas familias, segmento de rápido crecimiento en el mercado, que intenta mantener a sus seres queridos fuera de los hospicios.

Las agencias tradicionales como Visiting Nurse Service, fundada para servir a los pobres a través de la atención de salud domiciliaria, están abriendo divisiones para clientes que deben pagar. En VNS, el 15 por ciento de clientes ahora paga del bolsillo, un 11 por ciento más que el año pasado, y los ayudantes entrenados en atención de heridas y signos vitales están aprendiendo a interactuar con porteros, y a acompañar a un cliente a la ópera.

Al mismo tiempo, las agencias elegantes que proporcionan ayudantes entrenados están proliferando únicamente para el mercado privado, como las cadenas nacionales con servicios más modestos — y precios más razonables. Estas franquicias intentan satisfacer al consumidor de atención de salud domiciliaria que necesita un simple acompañamiento, recordatorios para tomar la medicina, un acompañante para las citas y ayuda para preparar comidas.

La más grande de estas cadenas, Home Instead, abrió en 1994 con seis franquicias y ahora tiene 722. Sus 37,000 trabajadores a tiempo parcial atienden a 43,000 clientes de edad avanzada. La ventaja es una baja paga por hora — $15 por hora para necesidades no medicas vs. $20 por hora por un ayudante entrenado de la agencia — y la desventaja encontrar ayuda ante el deterioro de la salud del paciente.

Los expertos en política están preocupados en que los nuevos negocios de atención de salud domiciliaria pongan la ganancia encima de la calidad.

"Los Consumidores están siempre en riesgo cuando hay una oportunidad de hacer mucho dinero," expresó Val J. Halamandaris, presidente de la Asociación Nacional de Atención Domiciliaria, quien hace 40 años fue principal consejero del Comité de Envejecimiento del Senado.

Utilizar el mercado informal, que según la Dra. Meier es el que la mayoría de sus pacientes elige, es una decisión financiera para evitar los honorarios de la agencias de atención domiciliaria, donde quizás $9 de $20 por hora de los honorarios van al ayudante. En un arreglo en el mercado informal, el ayudante quizás obtenga $12, un aumento del 33 por ciento — aunque a veces sin beneficios, ni compensación al trabajador ni seguridad social — y obtener horas adicionales de trabajo.

Muchos han hecho acuerdos verbales, sin cheques, y pagando citas directamente debido a la lealtad de los empleados y a su habilidad de trabajar libre de regulaciones. Algunas agencias, por ejemplo, prohíben a sus ayudantes levantar a un paciente que ha caído sin llamar antes al 911 u obtener la aprobación de un supervisor. Esa regla protege al cliente de ser movido impropiamente, y al ayudante y a la agencia de problemas posteriores. Pero algunas familias se estremecen con solo pensar que su ser amado yace en el piso.

Muchas familias se preocupan más por el carácter del ayudante que por su trabajo. La Dra. Meier, y la mayoría de sus pacientes manifiestan que confiar a alguien el cuidado íntimo es menos una decisión razonada que una intuición acerca del carácter de la persona.

"Usted puede enseñar a alguien cómo girar a una persona en la cama," expresó la Dra. Meier, "pero usted no puede enseñar a una persona la compasión".

Otros manifiestan que escogieron empleados del mercado informal porque los miembros de la familia insistieron en alguien compatible. Por eso Michael Elsas, presidente de Socios Cooperativos de Atención Domiciliaria en el Bronx, una agencia de trabajadores, ha optado por lo que él llamó "la red alemana de au pair," en vez de sus propios ayudantes mejor entrenados, para su madre. Pero cuando su enfermedad de Parkinson progresó, expresó el Sr. Elsas, las au pair no estuvieron para la tarea. El empleó a dos ayudantes de su agencia, manteniendo a una de las mujeres alemanas para tranquilizar a su madre.

"El costo se cuadruplicó," expresó el Sr. Elsas, de $350 a $1,400 por semana.

Las referencias de planes corporativos de asistencia y de cobertura de atención de largo plazo por seguros están alentando el crecimiento de las agencias de servicio completo. Senior Bridge, por ejemplo, se ha expandido de la Ciudad de New York a 18 locaciones suburbanas. Y House Works en Boston, una agencia con menos de 700 clientes, ha visto crecer su renta bruta en seis años de $590,000 a $9 millones.

Según la Asociación Americana del Aseguramiento de la atención a largo plazo, una asociación de agentes comerciales, más de la tercera parte de los $63.3 billones de beneficios pagados en el 2006 fueron para la atención domiciliaria. Pero las políticas difieren si cubren sólo a ayudantes certificados o a una amplia gama incluyendo a los empleados del mercado informal. Y los funcionarios del seguro estatal se preocupan por la presión para negar beneficios a más asegurados, que en sus 50s y 60s, comienzan a hacer reclamos.

La demanda por ayudantes de atención domiciliaria a través de la industria sobrepasará a la oferta. La Oficina de Estadística Laboral contabilizó 663,280 ayudantes el 2005, arriba de los 577,530 en 1999, una cantidad que no incluye a los del mercado informal. Pero la Oficina de Censos informa un número estable de mujeres con poca educación, de 25 a 54 años de edad, el perfil tradicional para esta ocupación, y un crecimiento de la población mayor de 85 años.

Los innovadores en el campo están buscando las maneras de reducir el movimiento, estimado en 40 a 100 por ciento por año en varias agencias. Este llamado tiene como resultado una fuerza de trabajo inexperimentada y disponible.

La Unión Internacional de Empleados de Servicio ha estado a la vanguardia en la creación de un grupo estable de trabajadores. En New York hay 60,000 empleados de atención domiciliaria. Los ayudantes inscritos en la Unión, muchos beneficiarios anteriores, tienen sus beneficios completos, raro en esta industria, y oportunidades para dominar el inglés, estudiar enfermería o aprender informática.

Uno de los más nuevos ofrecimientos de la unión es un tipo de grupo de conocimiento-elevado, enfocado en el amor propio y en un sentido de comunidad entre trabajadores. El último mes, 13 ayudantes de una agencia en Queens compartieron sus quejas con un facilitador. Muchos habían sido convocados en los domicilios de los clientes momentos antes del taller. Esta confusión administrativa era típica, manifestaron, y junto con los sueldos, que promedian $9.34 la hora en todo el país, fueron sus quejas principales. Pero los ayudantes también manifestaron que los clientes criticaban su inglés, se negaban a comer las comidas étnicas, y temían ser tocados por ellos de manera impropia o que ellos les roben.

El Visiting Nurse Service incrementará su escala salarial a $10 la hora para el 2008. La compensación estará vinculada a la antigüedad, el VNS espera reducir el movimiento, y culminar la instrucción especializada en áreas como la enfermedad de Alzheimer, que proporcionará un oficio a los ayudantes.

Hay un sólo programa de entrenamiento en el país para ayudantes del mercado informal, en el Centro Schmieding para la Salud y la Educación de Personas Mayores en la Universidad de Arkansas. Allí, el Dr. Larry Wright, geriatra, diseñó un plan de 119 horas para contratistas independientes, la mayoría contratados por empleadores privados. El curso cuesta sólo $275, gracias a la subvención de un benefactor.

El Dr. Wright es un caso que sostiene la fuerza de trabajo independiente.

"Si viera a las agencias haciendo un trabajo fantástico, sería una cosa," manifestó el Dr. Wright, quien expresa que la mayoría de las agencias hacen poco más que cheques. "Pero no hay mucho valor agregado y el costo es significativo".

Aún los ayudantes mejor entrenados de agencia terminan improvisando en la intimidad del domicilio del cliente. Puede ser prohibido acompañar a pacientes en un vehículo privado o utilizar sus tarjetas de crédito al hacer compras. Pero el Sr. Elsas, de Socios Cooperativos de Atención Domiciliaria, está seguro que sucede.

"El sistema depende del buen juicio y la integridad de los trabajadores que pueden estar haciendo $7 por hora," expresó él. ¿"Qué está equivocado en este escenario"?

Un esfuerzo por inculcar un buen juicio es un programa de acompañamiento en la agencia del Sr. Elsas donde los ayudantes mayores hacen las visitas en casa de los recién llegados. Pero una colocación domiciliaria contrarresta el descuido encontrado en los hogares de ancianos, presionados después de los escándalos de los años setenta. Los estándares nacionales para los empleados de agencia, contratistas independientes e incluso los vigilantes de la familia son una meta de una conferencia en marzo en el Centro Internacional de Longevidad en New York.

Sheila Baker, trabajadora social geriátrica que ha utilizado el mercado informal para su madre, prefiere el descuido informal. En la clínica geriátrcia de Mount Sinai, por ejemplo, a los ayudantes que acompañan a los pacientes a las citas médicas siempre se les pide salir del cuarto lo suficiente para que la persona de edad avanzada hable libremente acerca del arreglo. Y en el departamento de la madre de la Sra. Baker, aún con un ayudante del mercado informal que fue una vez médico en las Filipinas, la Sra. Baker y su hermana, una enfermera, hacen visitas imprevistas.

Larry Minnix, Jefe de la Asociación Americana de Hogares y Servicios para Ancianos, aboga por los estándares nacionales para prevenir otro escándalo como el de los hospicios en la arena de la atención domiciliaria. Y él habla por una experiencia personal.

Antes que murieran, los suegros del Sr. Minnix fueron atendidos en casa por un querido ayudante empleado del mercado informal. Ese ayudante, en cambio, empleo a amigos para ayuda adicional. Uno, que hizo el trabajo de jardinería, tenía antecedentes penales. Otra, con una familia de nueve, hacía compras exorbitantes en la bodega porque tomaba la mayor parte de su alimento de la casa. Pero sus suegros, expresó el Sr. Minnix, dependían del ayudante y eran temerosos de cambiar el arreglo.

"Esto le podría suceder a cualquiera," refirió él. "Y es algo que el país todavía no sabe que hacer con eso".